División de tareas del hogar: por qué las mujeres siguen cargando con la mayor responsabilidad

¿Quién se pone el delantal en casa? La división de tareas del hogar sigue siendo uno de los espacios donde más se evidencian las desigualdades entre hombres y mujeres.

¿Quién hace las compras de la casa?
¿Quién cocina?
¿Quién lava los platos?
¿Quién cambia las bombitas de luz?
¿Quién saca a pasear al perro?
¿Quién lava la ropa, friega los pisos o ayuda con la tarea del colegio?
¿Quién está en el chat del colegio, compra los materiales y lleva a las y los hijos al médico o al dentista?

Aunque muchas cosas han cambiado en las últimas décadas, la respuesta en la mayoría de los hogares sigue siendo la misma: las mujeres.

Sobre esta realidad reflexiona Magela Demarco, autora del libro Un papá con delantal, una obra que utiliza el humor para cuestionar los roles tradicionales de género y abrir conversaciones necesarias dentro de las familias.

La división de tareas del hogar en la vida cotidiana

Un papá con delantal cuenta la historia de una familia en la que ambos padres trabajan fuera de casa. La madre, desbordada por la carga de tareas domésticas y de cuidado, decide publicar un anuncio buscando ayuda.

Pero ocurre algo inesperado:
quien responde al aviso es un hombre.

El personaje, llamado Amador (que también significa “Salvador” en catalán), llega dispuesto a encargarse de todas esas tareas que históricamente han sido consideradas “de mujeres”: limpiar, cocinar, ordenar la casa, lavar la ropa o ayudar a los niños con sus actividades.

La elección del personaje no es casual.

En palabras de la autora, el hecho de que un hombre se “ponga el delantal” simboliza algo mucho más profundo: la posibilidad de distribuir de manera equitativa las tareas del hogar, algo que en la práctica todavía ocurre muy poco.

Porque aunque cada vez más mujeres participan del mundo laboral, la mayor parte del trabajo doméstico sigue recayendo sobre ellas.


Una desigualdad que muestran los datos

Las estadísticas confirman lo que muchas mujeres viven a diario.

Según el estudio “Desigualdades de género en el trabajo remunerado y no remunerado tras la pandemia” del Observatorio Social de la Fundación “la Caixa” (España, 2023):

  • Las mujeres dedican 43 horas semanales al cuidado del hogar y los hijos.
  • Los hombres dedican 18 horas.

Es decir, más del doble.

Y esto sucede incluso cuando ambos trabajan fuera del hogar.


“No me ayuda”: un concepto que necesitamos revisar

Uno de los puntos más interesantes que plantea la autora es cómo muchas veces el lenguaje refleja estas desigualdades.

Es común escuchar frases como:

«Mi marido me ayuda con las tareas de la casa.»

Pero en realidad —explica Demarco— no se trata de ayuda.

Cuando dos personas comparten un hogar, las tareas domésticas no son responsabilidad de una sola persona.
Por lo tanto, nadie está “ayudando”: simplemente está haciendo su parte.

Este pequeño cambio conceptual revela algo importante: durante décadas se ha asumido que las mujeres son las responsables naturales del hogar.


La crianza también reproduce desigualdades

Otro punto clave es la manera en que educamos a niñas y niños.

Muchas veces —incluso sin darnos cuenta— las familias siguen transmitiendo roles diferentes:

  • A las niñas se les enseña antes a colaborar en la casa.
  • A los niños se les permite más tiempo sin responsabilidades domésticas.

En el propio libro, una niña observa que ella ya sabe prepararse el desayuno y hacerse el peinado sola, mientras que su hermano mayor aún depende de su madre para casi todo.

Entonces se pregunta:

“¿Será que los hombres se hacen mayores muchos años después que las mujeres?”

Una reflexión inocente, pero profundamente reveladora.


El humor como herramienta para cambiar miradas

La historia está narrada desde los ojos de una niña, con un tono humorístico que invita a cuestionar muchas de estas situaciones naturalizadas.

Y esa es precisamente la intención de la autora:
mostrar las desigualdades para poder empezar a verlas.

Porque lo que se naturaliza deja de cuestionarse.


Feminismo: igualdad, no superioridad

Demarco también hace una aclaración importante sobre el feminismo, un concepto que muchas veces genera confusión.

El feminismo no busca poner a las mujeres por encima de los hombres.
Su objetivo es visibilizar las desigualdades que existen para poder transformarlas.

El feminismo nace como respuesta a sistemas históricos donde el poder y la representación han estado concentrados en lo masculino.

Por eso, su meta es sencilla pero profunda:

un mundo más justo, equitativo e igualitario para todas las personas.

Y en ese camino, los hombres también tienen un papel fundamental.


Un pequeño gesto que simboliza un gran cambio

Quizás el gesto de “ponerse el delantal” parece algo simple.

Pero en realidad simboliza mucho más:
una nueva forma de entender el hogar, la crianza y las responsabilidades compartidas.

Porque las tareas domésticas sostienen la vida cotidiana de las familias.

Y cuando esas tareas se distribuyen de forma equitativa, no solo se libera tiempo: también se construyen relaciones más justas.

Como dice la autora, ojalá cada vez haya menos “machirulos” y más hombres dispuestos a ponerse el delantal.

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